© Copyright (c) 2021 Telemundo. La presidencia de Trump acaba el 20 de enero. La Constitución es clara. Ni un día más

Tras el asalto al Capitolio que interrumpió la validación rutinaria del resultado del Colegio Electoral por el Congreso, como un historiador que ha enseñado y escrito sobre la Constitución por más de 40 años sé que una cosa es cierta: el mandato del presidente, Donald Trump, concluirá al mediodía del 20 de enero de 2021. En ese mismo instante, el país tendrá un nuevo jefe del Ejecutivo.

Los redactores de la Constitución no establecieron un día específico en que deba concluir el mandato presidencial, pero fueron muy claros en que el presidente “deberá encabezar su oficina durante un mandato de cuatro años”.

No cuatro años y un día. No tres años y 364 días. Cuatro años.

¿Por cuánto tiempo debe servir un presidente?

No hay nada mágico sobre ese número. Los redactores debatieron si el mandato presidencial debía ser de cuatro, cinco o seis años; si el presidente podía servir por solo un periodo, o si debía ser de por vida. Finalmente, se decidieron por cuatro años y permitieron la reelección.

Sin embargo, fueron enfáticos en que el presidente serviría por un período definido. ¿Por qué? Porque los reyes no lo hacían. Estaban creando una república, donde el pueblo es soberano, y ni ellos ni el pueblo estadounidense querían una monarquía.

En septiembre de 1788, después de que la Constitución fue ratificada, el Congreso de la Confederación ordenó que el nuevo gobierno comenzara el 4 de marzo de 1789. Eso parecía como suficiente tiempo para llevar a cabo las elecciones para representantes, senadores, presidente y vicepresidente, y para que ellos viajaran a Nueva York, la sede del nuevo gobierno.

No lo fue. La Cámara de Representantes alcanzó quórum el 1 de abril, el Senado el 6 de abril, y George Washington prestó juramento como presidente el 30 de abril.

Sin embargo, cada cuatro años después de eso, y por más de 140 años, los presidentes comenzaron su mandato -así fuera el primero o el segundo- el 4 de marzo porque el Congreso lo estableció como el día de la toma de posesión en 1792 y jamás lo cambió.

Crisis electorales -el empate entre Thomas Jefferson y Aaron Burr en 1800, la crisis de la secesión en 1860-61, y la disputada elección entre Rutherford B. Hayes y Samuel J. Tilden en 1876- no impidieron que un mandato terminara y otro comenzara el 4 de marzo.

¿La transición de poder llevaba mucho tiempo?

La 20 Enmienda, adoptada el 1933, cambió el día y la hora de las inauguraciones presidencial al mediodía del 20 de enero.

La enmienda fue resultado de una cruzada de 16 años por parte del senador George W. Norris, de Nebraska. Norris creía que los congresos de pato cojo que se reunían entre noviembre y marzo después de las elecciones no reflejaban la voluntad del pueblo y no debían legislar. Esto era especialmente cierto, argumentaba, si el partido que controlaba la sesión de pato cojo había perdido en las elecciones de noviembre.

Los presidentes derrotados que sirvieron por meses después de que los votantes habían rechazado su reelección representaban otro problema. En una emergencia como la crisis de la secesión, el intervalo de cuatro meses entre la elección y la inauguración de un nuevo presidente había retrasado una respuesta decisiva ante la desunión.

La Constitución estableció la duración de los mandatos de presidentes, senadores y representantes. Cambiar la fecha en que ellos comenzaban y finalizaban invitaba a un desafío constitucional, de forma que solo podría ser logrado por una enmienda. A partir de 1934, el Congreso se reuniría, con miembros recién elegidos en la Cámara y el Senado, el 3 de enero – y a partir de 1937, el presidente prestaría juramento al mediodía del 20 de enero.

¿Y si existían otros problemas?

La 20 Enmienda también ofrecía un camino hacia adelante si las cosas no salían bien en el período previo al Día de la Inauguración.

Si el presidente electo moría antes de la elección y del 20 de enero, el vicepresidente se convertiría en presidente. La enmienda también estableció qué debería ocurrir si el Congreso no podía ponerse de acuerdo en quién había ganado la elección presidencial, ya fuera por el estancamiento en el recuento de votos electorales o porque la Cámara no pudiera elegir un ganador porque ningún candidato obtuvo la mayoría de los votos electorales.

Si eso ocurriera, o si la persona elegida no tuviera al menos 35 años de edad y no fuera lo que la Constitución denomina como un “ciudadano nacido naturalmente” en el país, el vicepresidente serviría hasta que el Congreso eligiera a alguien más.

Si no hubiera un vicepresidente electo o la persona no cumpliera con los criterios de la Constitución, entonces el Congreso podría determinar quién serviría como el presidente interino hasta que se decidiera cómo elegir a un nuevo presidente.

Afortunadamente para la nación, esas provisiones nunca fueron probadas. Algunas son muy directas, como permitir que un vicepresidente electo tome el lugar de un presidente electo que haya fallecido.

Pero si un ganador no es declarado para el 20 de enero, la división partisana es probablemente parte del problema, y eso significa que un consenso después del 20 de enero podría no ser posible.

Sin embargo, una cosa es clara. La 20ª. enmienda crea un alto definitivo. El mandato del presidente en funciones termina al mediodía del 20 de enero. Si el Congreso no puede determinar un ganador, la Ley de Sucesión Presidencial, adoptada en 1947, convertiría al presidente de la Cámara de Representantes en el nuevo jefe del Ejecutivo, al menos por un tiempo.

Le guste o no, el mandato de Trump como presidente terminará el 20 de enero. Lo que sucederá a continuación es aún desconocido, pero al menos eso es seguro.

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